Exilio en Costa Rica: temor, abandono e incertidumbre
Las amenazas, el acoso y atentados como el que acabó con la vida de Samcam han generado un clima de miedo y desconfianza dentro de las comunidades en el exilio.
Costa Rica ha sido históricamente un refugio para quienes huyen de la persecución política en Centroamérica. Sin embargo, en los últimos meses ha dejado de ser sinónimo de seguridad para muchas personas exiliadas, especialmente nicaragüenses, que ahora viven con temor ante una creciente ola de inseguridad.
El asesinato del mayor en retiro del Ejército de Nicaragua, Roberto Samcam, ha provocado una fuerte incertidumbre entre quienes salieron del país para resguardar sus vidas. Hoy, Costa Rica ya no les brinda la protección que buscaban.
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Diversas personas exiliadas han denunciado la presencia de presuntos agentes infiltrados del régimen Ortega-Murillo operando impunemente en suelo costarricense. Las amenazas, el acoso y atentados como el que acabó con la vida de Samcam han generado un clima de miedo y desconfianza dentro de las comunidades en el exilio.
«Tengo miedo por mi vida y la de mi familia. Ya no quiero participar en actividades ni alzar mi voz ante las injusticias. La próxima persona podría ser yo o algún compañero opositor en el exilio», expresó un activista nicaragüense.
La inseguridad no solo afecta a quienes están exiliados. Según una encuesta del Centro de Investigación y Estudios Políticos (CIEP) de la Universidad de Costa Rica, el 43,7% de la población identifica la delincuencia como el principal problema del país, el nivel más alto registrado en la historia reciente. Esta percepción ha deteriorado la confianza en las instituciones encargadas de garantizar la seguridad.
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Pese a las constantes denuncias, las autoridades costarricenses han permanecido en silencio o han actuado con lentitud. Para muchas personas exiliadas, esto representa una segunda traición: primero fueron perseguidas en su país y ahora se sienten desprotegidas en el que debía ser su refugio.
La incertidumbre se ha convertido en la nueva normalidad para quienes, tras huir de la represión, ahora enfrentan una amenaza más difusa, pero igual de peligrosa. La comunidad internacional y organizaciones de derechos humanos observan con preocupación, mientras las personas exiliadas esperan que Costa Rica vuelva a ser un lugar seguro.
