Violencia LGBTIQ+ en Centroamérica aumenta en 2025
Más allá de las cifras, las secuelas del odio se reflejan en la salud mental con altos niveles de ansiedad, depresión y estrés postraumático.
En 2025, las personas LGBTIQA+ en Centroamérica siguen siendo altamente vulnerables ante una ola de violencia que amenaza su integridad física, salud mental, derechos humanos y posibilidad de vivir con dignidad. Los crímenes de odio han aumentado un 70% en lo que va del año, según informes de organizaciones que monitorean violaciones contra la comunidad LGBTIQ+.
Durante el primer semestre de 2025 se registraron 102 ataques motivados por orientación sexual, identidad o expresión de género. Las mujeres trans fueron las más afectadas, representando el 70,6% de los casos, seguidas por hombres cis gay (16,7%), lesbianas (6,9%), otras personas trans (4,9%) y personas no binarias (1%).
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El 16,7% de los ataques implicaron violaciones al derecho a la vida, como asesinatos, suicidios y muertes relacionadas con violencia estructural. El 83,3% restante correspondió a agresiones físicas no fatales pero profundamente traumáticas.
“Soy sobreviviente de la violencia. Me intentaron asesinar dos veces en Nicaragua y tuve que salir del país. La discriminación me ha costado mi preparación académica y el acceso a un empleo digno”, relató bajo anonimato una joven trans.
Más allá de las cifras, las secuelas del odio se reflejan en la salud mental con altos niveles de ansiedad, depresión y estrés postraumático. También en el desarraigo social, ya que muchas personas LGBTIQ+ se ven obligadas a abandonar sus comunidades, empleos o estudios por miedo. La violencia histórica y sistemática genera precariedad estructural que provoca muertes evitables.
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“El odio no termina con el golpe. Se queda en el cuerpo, en la mente y en la mirada de quienes nos cruzan por la calle”, dijo Karina, un joven gay sobreviviente de un ataque en abril mientras participaba en protestas cívicas.
El informe revela que el 64,7% de los ataques fueron perpetrados por agentes estatales, como fuerzas de seguridad o personal público. Esta cifra expone una alarmante tendencia: el Estado, lejos de proteger, se convierte en agente reproductor de violencia.
Aunque las secuelas del odio no se borran fácilmente, la resistencia de las personas LGBTIQA+ persiste. En 2025, la lucha por una Centroamérica libre de violencia y discriminación sigue siendo urgente, necesaria y profundamente humana.
